Lecciones del Jueves Santo


Por: Walter Amoros Wong 

En sus orígenes, la Iglesia celebraba la Pascua en una sola gran vigilia nocturna. Con el tiempo, esa celebración dio paso al Triduo Pascual, que comienza en la tarde del Jueves Santo, siguiendo la antigua tradición judía de iniciar el día al anochecer. Pero más allá del dato histórico, lo que ocurrió esa noche guarda una lección profunda para quienes hoy ejercen liderazgo.

Jesús, en la cena pascual, sabía que se acercaba su sacrificio. Y en ese momento decisivo, no desplegó poder ni estrategias de control. En cambio, institucionalizó dos dones: la Eucaristía —entrega total de sí mismo— y el Sacerdocio —continuidad de su misión en otros—. Pero fue un gesto sencillo el que condensó su estilo de liderazgo: lavar los pies a sus discípulos.

Con ese acto, Jesús derribó cualquier idea de liderazgo basado en jerarquía o privilegio. Mostró que la verdadera autoridad nace del servicio humilde y del amor concreto. Un líder que lava pies no busca estatus, sino bienestar para los suyos. No exige respeto, lo inspira. No acumula títulos, genera confianza.

Hoy, su mandato resuena con fuerza: “Hagan esto en memoria mía”. No se trata solo de recordar un rito, sino de vivirlo. Liderar “en memoria de Él” es celebrar la Eucaristía del día a día: ofrecer lo mejor de uno mismo por el equipo, la comunidad o la familia. Y sobre todo, es servir sin esperar reconocimiento, especialmente a los más vulnerables, a los que menos visibilidad tienen, a los que nadie quiere lavar los pies.

Así que esta Semana Santa, te invito a preguntarte: ¿estás liderando desde el poder o desde el servicio? Porque al final, el liderazgo que trasciende no es el que ocupa los primeros asientos, sino el que se agacha para lavar los pies del otro .

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